Un pequeño local, en la esquina, al lado de donde hoy estamos, fue el punto de partida de un proyecto familiar impulsado por la necesidad de crecer y encontrar estabilidad.
Don Felipe Villar, plomero y gasista matriculado, junto a sus hijos Néstor y Jorge, decidió transformar años de oficio en algo más grande: un negocio propio, construido desde el trabajo, el esfuerzo y la convicción de salir adelante.
Los comienzos no fueron fáciles. Durante mucho tiempo, los resultados no llegaban como se esperaba. Pero hubo algo que nunca faltó: constancia. Desde el primer día, la apuesta fue clara: trabajar con las mejores marcas del mercado y ofrecer siempre una relación honesta entre precio y calidad. Esa combinación, junto al trato cercano con cada cliente, fue construyendo de a poco un nombre de familia en el mercado platense.
Con el paso de los años, el esfuerzo empezó a dar sus frutos. Hacia finales de los años 90, Casa Villar logró expandirse, mejorando su capacidad de acopio y la atención en mostrador, acompañando el crecimiento de sus clientes y de la ciudad. Pero incluso en ese crecimiento, algo se mantuvo intacto:
el respeto por cada persona que entra al local y la forma de hacer las cosas con seriedad y compromiso.
Más de 6 décadas después, seguimos acompañando a quienes construyen, proyectan y hacen realidad sus ideas.
Hoy, Casa Villar sigue siendo una empresa familiar, con raíces profundas y mirada hacia el futuro. Un negocio que creció, evolucionó y se adaptó.
No se trata solo de vender productos. Se trata de estar presentes en cada proyecto de vida. Porque entendemos que detrás de cada cliente hay una historia. Y formar parte de eso, para nosotros, sigue siendo lo más importante.
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